Dolores Etchevehere, una reflexión desde el género.

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El mundo dominado por los varones es por definición un mundo de poder. Un universo donde se combinan variados privilegios que estructuran nuestras organizaciones económica, político, social y la masculinidad gira en torno a la capacidad de ejercer poder y control sobre los recursos y sobre las personas.
En la Argentina leyes post 1810 habilitaron la concentración de riquezas, el latifundio fue la institución de la burguesía. Un escenario donde el machismo es el terrateniente y el patriarcado la ley.
A la sombra de este orden fundante surgen los machos de la tierra donde pocxs heredan la estancia y muchxs el destierro
Así se define el sistema, uno de cuyos grandes logros es que la población no sólo lo naturalice, sino que lo justifique.
Los derechos al dominio de las tierras, de la vivienda y la propiedad son factores determinantes en las condiciones de vida de las mujeres sobre todo en el ámbito rural y a pesar de su importancia las mujeres los carecen de manera desproporcionada respecto de los hombres.
Sobre esa cultura de la inequidad se cimienta este suelo que se habita pero ése habitar implica no ser indiferente a lo que en esta cuna sucede.
Por estos días sigue sumando capítulos la disputa entre los hermanos y la hermana Etchevehere por un campo de 2.300 ha en Entre Ríos.
Cuenta Dolores que a lo largo de once años viene sufriendo violencias de todo tipo que no le sorprende que le ofrezcan un salvoconducto para salir de la provincia y dejarles su herencia.
En una entrevista radial además señaló: “No sé qué les molesta o les provoca,  evidentemente violencia, que una mujer haga valer sus derechos hereditarios en su totalidad”.
Ayer se conoció un documento de un grupo de mujeres intelectuales y funcionarias nucleadas en Mujeres en Red acompañando a Dolores en su lucha. En el texto la llaman “una portadora del emblema emancipatorio de los feminismos
Para ponerle a los hechos una mirada desde el género decidimos entrevistar a Gabriela Sosa, Presidenta de la Fundación Claves, género y DDHH, Directora Ejecutiva de la Mesa Federal de MUMALÁ, ex Sub Secretará de Políticas de Género de Santa fe, ex Directora de la Oficina de DDHH de la Municipalidad de Rosario; lo siguiente nos dijo:
En el caso de Dolores Etchevehere podemos ver una de las tantas manifestaciones de la violencia por razones de género en el ámbito de la ruralidad.
Por un lado decir que las mujeres rurales son un colectivo en situación de vulnerabilidad debido a que su contexto les dificulta estar de manera cercana a las instituciones que abordan las situaciones de violencia.
También les impide tener una cercanía con los activismos sociales que generalmente están muy presentes en los ámbitos urbanos.
Es decir que “per se” las mujeres en contextos rurales tienen condiciones que dificultan el acceso a sus derechos en general.
Además podemos decir que en el marco de la ruralidad muchas veces, las mujeres que trabajan en ese contexto también son víctimas de condiciones laborales precarizadas o incluso muchas en condiciones practicamente de esclavitud.
Pero también, como es en el caso de Dolores, podemos hablar de una forma de violencia muy clara y muy concreta cuando se trata de mujeres con otras condiciones económicas. Como por ejemplo: las dificultades para acceder a sus herencias, las dificultades para hacer uso de sus patrimonios, en algunos casos la separación de las familias. Las estrategias de poder que se dan los varones de esas familias para obstaculizar el ejercicio y uso de las posesiones de las mujeres se manifiestan bien claramente en este caso que en estos días esta siendo protagonista en los medios de comunicación.

Es decir que si hablamos de la violencia en las mujeres rurales podemos mencionar todas estas formas de aquellas que no tienen demasiadas posibilidades económicas y que ocupan un lugar subalterno en ese ámbito rural.
Pero también, como es evidente, aparecen las estrategias y los juegos de poder de familias terratenientes con estereotipos y roles de género sexistas, discriminatorios bien afianzados que las ponen en estas condiciones alejadas de cualquier posibilidad de acceso a sus derechos.
Entonces, también es necesario mostrar este aspecto de la violencia de género y la importancia de que el Estado pueda abordar un acompañamiento a estas mujeres a quienes se les niega su derecho, sus herencias, sus patrimonios.

El Estado debe intervenir desde las instituciones específicas que abodan las violencias de género aún cuando sean mujeres con otras condiciones económicas o de otros ámbitos sociales.
Sumando un elemento, en esta siuación, no solamente estamos hablando de una violencia de género por el maltrato y el impedimento al ejercicio de los derechos por su condición de mujer sino también un hostigamiento fuerte y una manipulación de los medios de comunicación sobre ella que en realidad es una víctima de estas relaciones patriarcales afianzadas durante años y en este tipo de familias que claramente pertenecen a un sector conservador de la sociedad argentina.
Insisto por un lado en mirar el sector, la ruralidad de manera integral e identificar ahí todas las violencias que se manifiestan hacia las mujeres. Desde aquellas que tienen menos posibilidades de defenderse, que tienen menos acceso a los recursos simbólicos y económicos

Pero también es importante hacer visible las situaciones complejas que sufren las mujeres que aún teniendo esos recursos, posibilidades económicas, relaciones y un status social de otras características, son víctimas de estas relaciones patriarcales y que pretenden quitar derechos al justo patrimonio o a la herencia.

Gabriela Sosa

La Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra las Mujeres tipifica la violencia económica y patrimonial previendo en su art. 5 distintos mecanismos de contralor de los derechos patrimoniales de las mujeres que impiden su goce y ejercicio pleno y afectan sus decisiones y proyecto de vida.
a) la perturbación de la posesión, tenencia o propiedad de sus bienes; b) la pérdida, sustracción,
destrucción, retención o distracción indebida de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores y derechos patrimoniales; c) la limitación de los recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades o privación de los medios indispensables para vivir una vida digna y d) la limitación o control de sus ingresos, así como la percepción de un salario menor por igual tarea, dentro de
un mismo lugar de trabajo.
La 26.485 garantiza a las mujeres el derecho a la protección contra todas las formas de violencias de género: física, psicológica, sexual, económica y patrimonial, simbólica, doméstica, institucional, laboral, obstétrica, mediática y contra la libertad reproductiva.

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Post Author: femininja

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